Calles que desaparecieron, casas derrumbadas, el lodo que invadió centenares de viviendas. Y la gente. Familias enteras de barrios periféricos y céntricos con palas, baldes, carretillas sacando el barro de su casa, en algunas zonas sin provisión de agua. Ocho personas continúan en condición de desaparecidas luego del alud que castigó anteayer a esta ciudad del norte argentino, a 369 kilómetros de la capital salteña.
En los centros para evacuados se asiste a 742 personas, aunque esa cifra trepa considerablemente si se toma en cuenta a los habitantes que buscaron refugio en casas de familiares tras ser afectados por el desborde del río.
El subdirector de Defensa Civil de Salta, Gustavo Paul, informó que "la policía descubrió a tres personas, así que hoy por la mañana (por ayer) los desaparecidos bajaron a ocho",
El puente carretero de acceso por avenida Packham está cortado porque sobre su costado quedó colgada la estructura de hierro del puente ferroviario, mezclado con árboles, ramas y barro. Se ve allí cómo el agua destruyó el cemento de la canalización iniciada luego del desastre de 2006. El aluvión arrasó todo a su paso.
El gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey, el vicegobernador, Andrés Zottos, y los funcionarios enviados por el gobierno nacional, el ministro de Interior, Florencio Randazzo, y la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner, llegaron anteayer para coordinar las acciones. Pero hay demoras en la asistencia y los afectados reclaman agua, palas y carretillas que llegan con retraso ante la impaciencia e impotencia de los damnificados.
Relatos de vecinos, totalmente embarrados, dieron cuenta de los dramáticos momentos vividos. Maribel Frías señala los espacios que ocupaban su garaje y su patio lleno de plantas, parada sobre las chapas del zinc del techo. Nada de eso existe: Ni siquiera la calle Paso de los Andes, donde se ubicaba su casa. Ahora es una hondonada, donde la calzada se confunde con el río.
En el fondo, entre plantas, se ve su Reanult Scénic beige. "Mi esposo casi fue arrastrado cuando intentó salvarlo, el aluvión llegaba y comenzó a arrastrar el vehículo, pero tuvo tiempo de bajar", recuerda la vecina con lágrimas que no puede contener.
Fuertes daños
En esa calle, con las camas, colchones y ropa que pudieron rescatar impregnadas de barro en la vereda, Paola Soraire y Aldo Mendoza aguardan algún medio para trasladar sus pertenencias. El hombre relata que sintió un ruido estruendoso y alcanzó a ver el torrente marrón que se acercaba. Atinó a subir a sus dos hijas y a su esposa al techo, a pesar de la torrencial lluvia. Fue ese escape el que salvó a muchos, porque el alud entró con inusitada fuerza en las viviendas.
Daniel Briones, dueño de un galpón, muestra sus importantes pérdidas económicas en su negocio de comercialización de madera industrializada. Su hermano, Gustavo Briones, es el director de FM Alba, cuyos equipos fueron severamente dañados. El local está a pocas cuadras de la plaza principal de Tartagal. La fuerza del alud destruyó también paredes de casas vecinas y del colegio Santa Catalina de Bolonia.
A Luis Montellanos el agua le llevó la mitad del fondo de su casa, cuya estructura quedó en situación precaria. Frente a él, en la calle Islas Malvinas, las familias Velarde y Lezcano se salvaron por el alerta dado entre vecinos. Resguardaron su integridad física, pero sus casas padecieron el embate del agua.
En el centro, Alfredo Brito y su familia continúan ocupados en sacar el barro. "No es momento de buscar responsables del desastre, sino de trabajar para evitar que vuelvan a ocurrir estas cosas", dijo. Y esa es otra discusión de los tartagalenses. Las dudas sobre la causa del desastre son muchas, aunque está aceptado que fue por el derrumbe de laderas de cerros al oeste de la ciudad.
"Están como cortadas a pico", comentó un funcionario que las vio desde el aire. Ecologistas ponen énfasis en la deforestación y en las tareas de prospección sísmica que realizan las compañías petroleras con el uso de explosivos. En la ciudad se encontraron varios artefactos que generaron el riesgo de estallidos. Personal del Regimiento de Infantería de Monte 28 se hizo cargo de asegurar los explosivos diseminados en la vía pública.
Entre el dolor y el pedido de ayuda
Los habitantes reclamaron auxilio, mientras las autoridades lanzaron un plan de asistencia
"Mamá, el agua me está llevando", gritó Eva Esther, una mujer de 40 años con problemas mentales. Su madre, Carmen Rosa Pérez, de 62, no dudó en arrojarse al torrente, abrazarla y luego agarrarse de la madera de una casa hasta que llegó la ayuda. Así lo relataron sus hijos, Hugo y Carlos Pérez, mientras con otros familiares trataban de recuperar lo poco que les dejó el alud de lo que fue su vivienda de madera y chapas, situada en el barrio Santa María, uno de los más castigados, cerca del Regimiento de Infantería de Monte 28, en el oeste de la ciudad.
La casa fue una de las primeras afectadas, por allí ingresó el alud. Los hermanos contaron que el torrente se llevaba todo y, en su caso, además de muebles, ropa y otras cosas, aves, y un loro que tenían, sólo se salvaron seis patos que, manchados de barro, eran lo único vivo en el interior de la vivienda.
En medio del barro había una heladera y muy pocas pertenencias más. Ellos pidieron ayuda porque no tienen medios para recuperar todo lo perdido y menos para reconstruir lo que, desde sus abuelos, fueron armando dentro de la pobreza en la que viven. Juan Vargas, otro vecino del lugar, lamentó también haber perdido todo y afirmó que gracias a que el fenómeno se produjo alrededor de las 10 estaban despiertos para buscar refugio. Si hubiera sido más temprano, otras hubieran sido las consecuencias.
Inicialmente las autoridades hablaron de dos personas con disminuciones físicas que habrían sido arrastradas por el agua, pero se trataba de la madre e hija que se salvaron. Ayer la policía provincial informó que son ocho las personas desaparecidas, luego del relevamiento realizado con personal de la Gendarmería, ya que se logró ubicar a tres niños en perfecto estado.
El subjefe de Policía, Mario Paz, y el titular de Defensa Civil, Gustavo Paul, destacaron la actitud solidaria de los policías salteños, pues están en huelga desde el 28 de enero.
Aunque en la ruta de salida de Salta un piquete de policias detuvo durante unas horas a los camiones de ayuda enviados por el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, según confirmó a LA NACION el viceministro, Carlos Castagneto
El funcionario indicó que la asistencia llegó ayer a Tartagal, luego de ser enviada en camiones desde los centros de distribución situados en Tucumán. Castagneto afirmó que se derivaron a la zona en emergencia, como primera ayuda, 114.000 unidades de alimentos, 70.000 litros de agua potable, 1094 paquetes de pañales, 2500 colchones, 4300 zapatillas, 3000 botas de agua y 2300 equipos de ropa, que incluyen siete prendas cada uno.
Participan del operativo personal de Defensa Civil, de la Gendarmería Nacional, el Regimiento 28 del Ejército, policías provinciales, bomberos, personal municipal y provincial y voluntarios, y arribó el Grupo de Rescate Jujuy con perros para ayudar en la búsqueda de desaparecidos.
Cómo ayudar
El gobierno salteño habilitó dos bocas de recepción de ayuda para Tartagal en Buenos Aires, una en la Parroquia Tomás Moro, en Urquiza 1460, en el partido de Vicente López, y otra en Casa de Salta, Diagonal Norte 933. Caritas Argentina también colabora con la asistencia a las víctimas y recibe donaciones en cada diócesis.
Aerolíneas Argentinas puso aviones a disposición para asistir a las víctimas del desastre en Tartagal, mientras que el Ejército Argentino aportó dos plantas potabilizadoras de agua, con capacidad para producir 2000 litros por hora.
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