Esopo, en una de sus fábulas cuenta que vivían dos ranas en un bello pantano. Pero llegó el verano y el pantano se secó, por lo cual lo abandonaron para buscar otro con agua. Hallaron en su camino un pozo muy profundo, y al verlo, dijo una rana a la otra:
—Amiga, bajemos las dos a este pozo.
—Pero, y si también se secara el agua de este pozo —indagó la otra rana—, ¿cómo crees que saldremos de esta enorme profundidad?
Lamentablemente, la situación por la falta de agua también encontró lugar para las opiniones que confrontan, que no sirven para encontrar soluciones. En esta semana, el Chaco fue noticia nacional por el problema cíclico de la sequía, que genera incertidumbre al aparato productivo pero que sobre todo, genera un cuadro de desigualdad social inexcusable y que desnuda un grave problema estructural que se remonta a décadas de desidia y la falta de resolución.
Nada, ni las explicaciones de Benicio Szymula difundidas ayer, ni las explicaciones sobre el proyecto de repotenciación del viejo acueducto convencen a los intendentes que sufren día a día las consecuencias de la falta de agua. Han sido años de divagar en discursos y anuncios varias veces formulados pero con una gran ausencia de obras de infraestructura que permitan resolver problemas históricos, como el alto contenido de arsénico en el agua en la zona Los Frentones, que tiene tres veces más la dosis permitida para la ingesta por la Organización Mundial de la Salud, y sin embargo, hay voces que se callan.
Pero a la desidia de más de una década en materia hídrica para el interior del Chaco, se suma un nuevo ingrediente: la Nación prefirió reparar con una obra tan importante como los ramales secundarios del gasoducto, y no con una tan prioritaria como el acueducto, que nacerá y morirá en el Chaco, diferenciándose del gas natural cuya red troncal pasará por nuestras tierras, rumbo al sur. Nadie niega la importancia del gas, pero el agua es más urgente. ¿O no?
¿Ha servido de algo la discusión que se dio y que se dará en los próximos días respecto de estas obras? ¿No será mejor aunar criterios y dejar de acusarse mutuamente y ponerse a trabajar para resolver el drama —sí, leyó bien, el drama— de miles de habitantes del interior del Chaco que beben agua de dudosa aptitud para el consumo humano, en muchos casos.
Veamos: la mortalidad infantil prevenible es sólo la punta del ovillo de otros dramas, dicen los expertos que en cualquier momento, cerca de la mitad de la población del mundo en desarrollo está sufriendo por enfermedades relacionadas con el agua.
Las estadísticas detrás de la crisis muestran un sombrío panorama: más de 2,2 millones de habitantes de los países subdesarrollados, la mayoría niños, mueren todos los años de enfermedades asociadas con la falta de agua potable, saneamiento adecuado e higiene. Además, casi la mitad de los habitantes de los países en desarrollo sufren enfermedades provocadas, directa o indirectamente, por el consumo de agua o alimentos contaminados, o por los organismos causantes de enfermedades que se desarrollan en el agua. Con suministros suficientes de agua potable y saneamiento adecuado, la incidencia de algunas enfermedades y la muerte podrían reducirse hasta un 75 por ciento.
El bien social
Las palabras de Pedro Favarón, presidente de la APA, vienen como anillo al dedo: “El agua es un bien social”. Le tomamos la palabra: como bien social los que viven lejos de los centros urbanos que sí tienen acueducto tienen derecho a tenerla. El agua no es una mercancía más. Es fuente de vida, de dignidad y de igualdad de oportunidades. Es demasiado importante para dejarla librada a la indiferencia y a la desidia, y por ello los gobiernos (léase concejales, intendentes, legisladores, gobernador y presidente de la Nación) tienen la responsabilidad de generar las acciones que correspondan para que los habitantes del interior reciban este beneficio. Hoy es la oportunidad de hacer un reclamo despojado de tintes políticos porque, lamentablemente, si algo tenemos los chaqueños es que somos extremadamente egoístas: pensamos en nosotros mismos, nada más, y nos interesa lo que nos pasa a nosotros, y no lo que les pasa a los demás.
Señores funcionarios, tanto del partido gobernante como de la oposición: dejen de lado las discusiones estériles. No solucionan nada con esa actitud. El pueblo no necesita que hagan discursos encendidos. Solo quiere que se pongan la camiseta del Chaco y trabajen por el bien social, honrando el lugar que ocupan. Eso, nada más. Lo demás, es anecdótico.
También hay buenas noticias
Las buenas noticias aparecen siempre abajo y en letras chicas. Pero siempre las hay como el impulso al Parque Industrial de Sáenz Peña, en el cual se puso a disposición un millón y medio de pesos para obras iniciales bajo firma de un convenio entre la provincia y la Municipalidad local.
Otra: la puesta en marcha de créditos para pymes a tasas subsidiadas. Ayudará al resurgimiento de los microemprendimientos generadores de mano de obra, en momentos en que la carga pública se hace insostenible porque el Estado aparece como “la mayor aspiración” de una persona que busca trabajo.
Una más: en medio de la adversidad por el clima en el oeste chaqueño se lanzó el desafío de aumentar la producción ganadera y ya contabilizaron en el departamento Brown, unas 120.000 cabezas vacunas.
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