Hombres mayores que conducen carros cargados con tachos, mujeres llevando baldes en carretillas y niños que caminan descalzos las calles polvorientas tambaleándose bajo el peso de bidones de más de 20 litros.
Van y vienen varias cuadras desde las canillas públicas hacia su casa, para conseguir el agua potable que necesitan y que cada vez resulta más escasa en la persistente sequía que golpea al Chaco.
Después de unos diez viajes terminan cansados en sus viviendas, sin tiempo y sin ganas de realizar otras actividades. Y pensando además que al día siguiente temprano tendrán otra vez que empezar este laborioso itinerario: hacer cola en la canilla pública esperando por dos o tres horas el turno para cargar sus bidones y baldes. Tienen que apurarse porque hay mucha gente que necesita agua, esta se termina rápido, y no todos alcanzan a conseguir todo el líquido que requieren.
Esta es la forma que vive la gente en la mayoría de los barrios de Sáenz Peña, la segunda ciudad del Chaco, que sufre una de las peores sequías de la historia. Mientras los funcionarios discuten si es necesario un nuevo acueducto, o se debe transportar más caudal por el que viene desde Barranqueras al interior chaqueño.
NORTE fue testigo del sacrificio de todos los días de la gente para obtener el elemento indispensable para la vida, en el barrio Matadero, al sur de la ruta nacional 16 y la calle 28. En una canilla pública en medio de un humilde caserío que no cuenta con conexiones domiciliarias de agua potable, como más del 70% de la gente de los barrios de esta ciudad.
Fatigoso trabajo diario
Felipe Ramírez, vecino del barrio, realiza el recorrido en bicicleta junto a su hijo pequeño, para poder llevar todos los bidones que pueda conseguir. “Todo los días tenemos que hacer este trabajo de acarrear el agua”, señaló frente a una de las dos canillas públicas, con tanques de más de 10.000 litros que se instalaron recientemente en este humilde sector de la ciudad.
Cada mañana temprano, llega un camión cisterna a llenar estos tanques con agua potable y desde varias horas antes ya hay vecinos haciendo cola frente al grifo. “Hay veces que desde acá no se alcanza a conseguir agua de acá y se tienen que ir a buscar cerca de la Escuela Braccone que queda a 10 cuadras”, dijo el mismo vecino con la voz entrecortada por la fatiga.
“Quince bidones ya llevé. Y eso alcanza para hoy y mañana hay que volver a acarrear otra vez. Y si el fin de semana se queda sin agua el tanque, tenemos que esperar ya hasta el lunes”.
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