Franklin M. Fisher (1934) es profesor emérito de Microeconomía de la Cátedra Jane Berkowitz and Dennos William Carlton del Massachussets Institute of Technology (MIT). En la Séptima Semana Temática de la Tribuna del Agua dedicada a la Economía y Finanzas del Agua, presentó la ponencia titulada “Models for optimal water management and conflict resolution”. Tuvimos la oportunidad de mantener una conversación con este economista que se doctoró en Harvard en 1960, y que desde entonces se ha transformado en un verdadero experto en la economía anti-trust y en los problemas económicos derivados de la escasez del agua.
En su presentación usted afirmó con rotundidad que los actuales mercados privados del agua no funcionan. ¿A qué se debe esto?
Yo no tengo ningún problema con los mercados del agua como una forma que permite el comercio entre individuos. La noción de que los mercados libres van a permitir un reparto del agua de forma eficiente, que es una proposición básica de la microeconomía, no es valida para el caso del agua. Para que sucediese esto los mercados deberían ser competitivos, con muchos pequeños compradores y otros tantos pequeños vendedores. Y en segundo lugar, debería suceder que todos los beneficios sociales en los costes relacionados con el agua se vieran reflejados en los precios; pero este no es el caso con el agua, pues todo el mundo sabe que su uso tiene importantes consecuencias ambientales, y esto es algo que no se le puede dejar a los mercados privados. No importa lo competitivos que sean, debe haber siempre un cierto control gubernamental. Por ejemplo, la mayor parte de los gobiernos está de acuerdo en que no es una buena idea dejar morir de sed a sus ciudadanos, o para ser menos dramático, que cada ser humano tiene derecho a una cantidad mínima de agua. Pero no es obvio que los mercados libres, privados y competitivos vayan a ocuparse de ello, en especial en periodos de sequía. Este es un escenario para el que los mercados privados del agua no están preparados.
Otra cuestión que interesó a la audiencia fue cuando aseguro que en términos económicos, las guerras entre naciones a causa del agua no merecen la pena, no son rentables.
De hecho no han ocurrido. Eso es un mito. Permítame aclarar que éste no soy experto en este campo en particular, pero los estudios acerca de los conflictos causados por el agua sugieren que el agua no era el asunto fundamental en dichos conflictos.
Entonces, ¿el agua era tan sólo una excusa?
Quizá ni siquiera eso. Lo cierto es que las guerras por agua no suceden, desde un punto de vista racional no deberían suceder, aunque sólo fuese porque si se piensa fríamente en el valor del agua en disputa, resulta que es una cantidad tan ridícula que no merece una guerra. Por ejemplo, cada país costero tiene acceso a tanta agua como quiera por medio de la desalinización. Para un país costero, una guerra por obtener agua dulce, sería un conflicto por una cantidad pequeña de dinero. Incluso los países interiores con vecinos con costa con los que tengan buenas relaciones no tienen ningún problema. En nuestros estudios sobre el caso de Israel y Palestina hemos comprobado que salvo en años de sequía, ni siquiera es necesaria la desalinización y el valor del agua es muy reducido.
¿Cuáles son las características principales del modelo Multi-Year Water Allocation System (MYWAS) en términos de eficiencia?
El modelo MYWAS permite optimizar el reparto de agua conocida la cantidad de agua disponible y cuáles son las demandas de agua a lo largo de una serie de años o de estaciones. Así que si se está buscando crear infraestructuras hídricas y se desea conocer qué es lo que se necesita construir, si se le suministra al modelo MYWAS un listado de infraestructuras con información de costes de construcción, de operación y otras por el estilo, MYWAS dará una respuesta diciendo el mejor proyecto, cuándo se debe construir y con qué capacidad, teniendo además en cuenta las necesidades de los usuarios, por ejemplo, teniendo en cuenta si es necesaria una cierta cantidad de agua para usos medioambientales, o si el agua va a estar subvencionada para los agricultores. Lo segundo que MYWAS permite es hacer frente a cuestiones de almacenamiento, es decir, cómo se deben gestionar los acuíferos. El modelo permite pronosticar el bombeo de los acuíferos en años secos antes de llegar a la sobreexplotación, y su recuperación en años húmedos, si se dispone de un patrón de las precipitaciones futuras. De esta forma se puede hacer una gestión eficiente de los acuíferos a lo largo de los años. Otra cosa que MYWAS ofrece es una herramienta para el estudio de las incertidumbres climáticas, pues permite simular diferentes escenarios, y calcular la probabilidad que tienen cada uno de ellos de suceder. Esto ayuda a tomar decisiones de gestión en relación a las previsiones climáticas.
En su charla, usted apuntó que había otros usos para el modelo MYWAS que no pudo llegar a desarrollar por falta de tiempo. Cuéntenoslo ahora.
En efecto, el principal de todos ellos es que MYWAS proporciona un sistema para solucionar los conflictos del agua. Si cada país tiene su propio modelo MYWAS o WAS, los sistemas de negociación entre países o entre regiones pueden simplificarse mucho, permitiendo cesiones de agua de corta duración con los precios que indiquen los modelos MYWAS de forma que ambas partes salgan ganando en la negociación, al localizar los valores del agua intermedios y de mayor beneficio para ambos. Es una manera flexible de modificar los repartos hídricos en diversas situaciones de necesidad o estrés. De esta forma el grado de cooperación entre países se incrementa considerablemente.
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