Athoi Marma, de 19 años de edad, enseña prácticas higiénicas seguras a una veintena de niños y niñas en edad preescolar en el centro de desarrollo comunitario de Hatitila, una aldea apartada de la región montañosa de Chittagong, en Bangladesh. Los niños aprenden las lecciones mediante canciones en marma, una lengua indígena que sólo hablan unos 150.000 habitantes del país.
Athoi es una de las 15 mujeres de esta región de difícil acceso a las que UNICEF ha brindado capacitación como promotoras sanitarias comunitarias. En el seminario de 15 días de duración en el que participaron aprendieron a colaborar con la comunidad para difundir y fomentar las prácticas higiénicas seguras.
De esa manera, Athoi se ha convertido en una agente del cambio en su aldea.
"Antes bebíamos agua de los arroyos y cocinábamos con agua contaminada", explica la joven. "Si hubiéramos sabido que el agua contaminada era insalubre, que era la causa de la diarrea y las enfermedades respiratorias, nunca la habríamos consumido".
Cómo modificar las viejas costumbres
Cuando terminó su capacitación, Athoi convocó a los pobladores de la aldea a una reunión con la ayuda del karbari, que es el jefe tradicional de las comunidades marma.
"La primera reunión fue difícil", recuerda Athoi. "Algunas personas no creían lo que les decía. Otras pedían que el gobierno les suministrara letrinas de manera gratuita. Me costó un poco convencerles de que podían mejorar la situación sanitaria de la comunidad si dejaban de practicar la defecación al aire libre".
A pesar de aquella reunión inicial, Athoi no se sintió desalentada. Por el contrario, decidió que debía realizar varias visitas domiciliarias para tratar esos temas de manera individual y profunda con las familias.
"Al principio no prestamos atención a los que nos decía Athoi", reconoce Halacipru, un aldeano de 50 años de edad. "Pero ella comenzó a visitarnos en nuestros hogares, a conversar con nuestras esposas, nuestras madres y nuestras hermanas, y a convencerles de que mediante las prácticas elementales de higiene podían obtener buenos resultados. En la actualidad no consumimos agua contaminada, porque la obtenemos de los pozos entubados".
Pequeños agentes del cambio
Dos meses después, las visitas domiciliarias de Athoi comenzaron a rendir frutos, ya que terminó convenciendo a toda la comunidad de que era necesario elaborar un plan de acción. Hoy en día, muchos integrantes de la comunidad colaboran en la lucha por la eliminación de la defecación al aire libre y el fomento de las prácticas de higiene elementales.
Los alumnos en edad preescolar de Athoi se han convertido en pequeños agentes del cambio en sus familias. Una alumna, Pusi, "es muy meticulosa con respecto al lavado de las manos y el consumo de agua potable", según su madre. "Y siempre nos dice a los demás lo que podemos y no podemos hacer", agrega la madre de Pusi.
El saneamiento deficiente puede ser causa de enfermedades respiratorias y diarrea, que es la principal causa de la mortalidad infantil en Bangladesh. El mejoramiento de las condiciones higiénicas salvará vidas y servirá para que Bangladesh pueda conquistar los Objetivos de Desarrollo del Milenio referidos a la supervivencia infantil y al medio ambiente sostenible.
Mejorar las vidas de los niños
El trabajo de Athoi se enmarca en un vasto proyecto nacional mediante el cual se beneficiará a unos 30 millones de personas en los próximos cuatro años. Se trata de uno de los programas de mejoramiento del saneamiento, la higiene y el suministro de agua más ambiciosos que se hayan llevado a cabo en un país en desarrollo.
Con ese fin, más de 1.000 promotoras y promotores sanitarios como Athoi trabajan en sus propias aldeas en pro del mejoramiento de las prácticas de higiene y de la concienciación acerca de la importancia del saneamiento ambiental y las instalaciones sanitarias adecuadas. Los promotores dependen del Proyecto de saneamiento, educación higiénica y suministro de agua de Bangladesh, que recibe fondos del la Dirección de Desarrollo Internacional del Reino Unido y apoyo de UNICEF.
"Mi responsabilidad consiste en modificar los hábitos y las costumbres de mi comunidad, comenzando por los niños y niñas que aún no van a la escuela", señala Athoi. "Es necesario que los niños, niñas y jóvenes aprendan acerca de lo importante que son las prácticas de higiene, ya que ellos están abiertos a las nuevas ideas y al cambio. A los adultos les resulta más difícil cambiar sus hábitos, especialmente cuando están profundamente enraizados en su cultura".
|
|
|