Las 'candidatas' se tomaron a pecho su papel y fueron aplaudidas por la multitud. No representaban a un departamento ni lucían trajes de diseñador y por participar no ganaron fabulosos premios.
Eran tres reinas bajitas de cuerpo, con el rostro apretado y ciertamente agraciadas y amigables.
Jéssica Hernández representaba la belleza de la mujer campesina, Mélany Camargo, a la raza obrera de manos callosas y Leidy Garzón a las comunidades indígenas.
Las soberanas compitieron en un novedoso reinado en busca de la nueva Señorita Cuenca del Río Tunjuelo.
Las balleneras cartageneras fueron remplazadas por la Orjuela, la Gaitana y la Juan de la Cruz Varela, tres improvisadas embarcaciones fabricadas artesanalmente.
La primera en partir por las hediondas aguas del Tunjuelo fue la Gaitana. En su interior y sentada en una silla coja, iba Melany. La joven de 17 años no ocultaba los nervios que le producía la simpática travesía. "Estoy muerta del susto", reconoció.
Antes de salir, las embarcaciones fueron sometidas a un ritual indígena con hierbas y rezos que, con los ojos cerrados y batiendo las manos con desespero, realizaba un mamo.
Luego, Luis Ortiz, un chiquinquireño 'cuatro manos' declamó un sentido poema que tituló: 'Vamos a navegar en aguas heridas'.
El curioso evento tiene como objetivo concientizar a la comunidad de más de 10 barrios aledaños sobre el cuidado y preservación de este importante afluente que bordea el sur de la ciudad.
A su cauce llegan los sobrantes de curtiembres, areneras, aguas negras, basuras y desechos de otras industrias que operan en las orillas del arrollo.
John Fredy González tiene al Tunjuelo en su cabeza y en buena parte de su corazón. Es desde el año 2004 el hombre detrás del rescate del río.
Junto a otros líderes de la organización Proceso Asamblea Sur, se 'craneó' el primer reinado. En aquella oportunidad, los protagonistas fueron la pareja más famosa del mundo: María y José, quienes fueron recibidos por una multitud cuando su embarcación tres barrios más abajo, atracó.
"Esta nueva versión es un homenaje a la mujer campesina, obrera e indígena. Queremos que el río conserve sus imaginarios y sus valores", cuenta González después de atravesar agachado por debajo de un alambre de púas.
Otro de los activistas e impulsores de este reinado es Pedro Luis, un joven que dejó la calentura de las calles y guardó para siempre su revólver 38 corto en un cajón.
"Ahora soy el vocalista del grupo de rap Razón Social y trabajo con la gente de Fusión Tunjuelito", cuenta.
El Tunjuelo en barca
Las embarcaciones fueron diseñadas por John Fredy y por Wilmar Albornoz. Tres días emplearon para unir con puntillas las piezas de madera y el enorme planchón.
Luego, y con el esqueleto listo, se le incorporaron al menos 20 tarros plásticos para conseguir que la nave flotara.
En el caso de la balsa tripulada por la representante de los obreros, un muñeco parecido a un maniquí tipo almacén de Chapinero lucía amarrado en lo que debía ser la proa.
La caravana partió a las 9:30 de la mañana del barrio Meissen.
Los vecinos -apostados en un puente- aplaudían y gritaban en coro: "Esa es, esa es". Se referían a la Señorita Campesina.
"Ojalá gane la niña que representa a los indígenas. Es muy sencilla y fue la única que se tomó el reinado en serio", aseguró Encarnación Gallo, habitante del barrio México.
Al final, Jéssica Hernández, representante de los campesinos fue la ganadora. El jurado estuvo liderado por David Forero, representante de la Secretaría de Cultura. El reinado sirvió para demostrar la situación que vive el Tunjuelo, un río sin alma. |
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