El kirchnerismo buscó desplegar ayer todo su poderío político en el territorio del vicepresidente Julio Cobos, a quien intenta confinar lejos de sus dominios y de la Concertación Plural con radicales K. Frente a siete gobernadores y cuatro ministros nacionales, aunque en un acto con sobria liturgia peronista, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner abonó la necesidad "consensos y racionalidad" para "abordar y resolver los problemas que tenemos", según explicó. Contrariamente a lo que se esperaba, la Presidenta habló apenas unos minutos y con tono conciliador. Se refirió casi exclusivamente a las obras públicas que lleva adelante su gobierno y dijo al respecto que "no hay sociedad desarrollada que haya crecido en base a enfrentamientos".
La Presidenta llegó a las 19.05 al aeropuerto El Plumerillo y se trasladó en helicóptero hasta la Casa de Gobierno mendocina, donde se habían concentrado un grupo de unas 1.500 personas. Allí pronunció palabras elogiosas para Mendoza, dialogó con algunos de los manifestantes y concluyó con un "fuerza, siempre para adelante". Como muchos le adjudican a esta presencia de Cristina un efecto relanzador de la Concertación, pero ahora sin Cobos, recordaron que cuando se hizo la puesta en escena de aquella alianza el 25 de mayo del año pasado, en el anfiteatro Frank Romero Day, había más de 15 mil adherentes.El vicepresidente no fue invitado a los actos de anoche porque, según mencionó el jefe de Gabinete, Sergio Massa, "cuando viene la Presidenta no hace falta que venga el vicepresidente", relegando así a Cobos a un frío rol institucional.
Cobos entró en el cono de sombras del universo kirchnerista luego de su histórico voto negativo del 17 de julio en el Senado sobre las retenciones móviles, que significó una derrota para el Gobierno.
La Concertación también se quebró, tanto que ayer un vocero directo del vicepresidente le confió a Clarín que el gobernador de Río Negro, Miguel Saiz "no le responde ni los mensajes de texto". En cambio, el gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora "tiene buen diálogo con Cobos", aseguró la misma fuente. Ambos mandatarios se alejaron del liderazgo del vicepresidente y consolidaron su alianza con el gobierno. Esta renovada adhesión le hizo decir ayer al ministro del Interior, Florencio Randazzo que "la Concertación está más fuerte que nunca".
La breve visita presidencial estuvo recubierta de formalidad: la firma de convenios con gobernadores de la Comisión Interjurisdiccional del Río Colorado sobre la futura ubicación del dique Portezuelo del Viento y obras de impermeabilización de canales para el agua del río Atuel. También inauguró un tramo del gasoducto entre Beazley (San Luis) y La Dormida (Mendoza), que beneficiará a zonas industriales de Cuyo. Pero pareció evidente que la intención política tuvo un blanco preciso: justamente Julio Cobos. Fue un intento de exhibición de fuerza del Gobierno nacional dirigida también a fortalecer al gobernador mendocino, Celso Jaque, y difundir una imagen de cohesión y firmeza de su gestión después del traspié en el Congreso.
Rodearon a la Presidenta otros gobernadores: Daniel Scioli (Buenos Aires), Oscar Jorge (La Pampa), Miguel Saiz (Río Negro), José Luis Gioja (San Juan), Jorge Sapag (Neuquén) y Luis Beder Herrera (La Rioja). Y los ministros Massa, Randazzo, Julio De Vido (de Planificación) y Juan Carlos Tedesco (ministro de Educación). Cristina llegó a las 20.45 al segundo acto, en el auditorio Angel Bustelo, reservado para unos 800 funcionarios, legisladores y empresarios. En ese lugar se firmaron los acuerdos sobre las obras públicas. Y la Presidenta cruzó elogios con el intendente Víctor Fayad, un radical enrolado en la oposición al kirchnerismo.Luego de agradecer "el afecto con que me ha recibido esta bendita tierra", partió con su comitiva a cenar al restorán de Francis Mallman, en bodega Escorihuela. A la medianoche viajó a San Juan. Lejos de Mendoza, Cobos se cruzaba a los periodistas a la salida del teatro donde actuaban el trío Midachi.
Colaboró: Roxana Badaloni
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