A lo apuntado debe agregarse, obviamente, en carácter de denuncia, la venalidad de los gobernantes de turno de nuestro país, desde Alfredo Stroessner hasta Nicanor Duarte Frutos, quienes en nombre del Partido Colorado saquearon, humillaron y vendieron los intereses nacionales a sus pares de los países limítrofes, cuyos actuales voceros, a pesar de que provienen de organizaciones obreras o populares, no se proponen siquiera liberar del yugo que impusieron a nuestro país sus antecesores “bandeirantes” y porteñistas en 1870, luego de una guerra genocida, cuyos responsables nunca fueron juzgados, ni ante los tribunales de la historia, como criminales de guerra.
El cortoplacismo interesado de los profesionales, que no titubearon en canjear su opinión autorizada, necesaria por contrato, una práctica que generosamente estimularon los administradores paraguayos de turno de esas entidades, tampoco debe cubrirse con el manto piadoso del olvido a la hora del balance, aun cuando el mismo sea todavía parcial.
CONTRA LA NATURALEZA Y EL PASADO CULTURAL
La ilustrativa exposición del arquitecto Rubiani nos obligó a admitir que ese fue blanco débil de nuestras coberturas, razón por la cual los daños perpetrados contra esa arista del patrimonio nacional son dolorosamente reales.
Rubiani explicó que la misma entidad binacional “rescató” ciertos patrimonios “de una manera lamentable, hecho que nos pone alertas ante el muy ligero concepto del patrimonio que se tiene en la entidad. Displicencia que solo se observa del lado paraguayo, porque las reservas patrimoniales de los jesuitas del lado argentino y brasileño son las más visitadas, las más conocidas y las que están en mejores condiciones”.
LA TÉCNICA DEL “ÑEMOPORÔ, APLICADA POR LA BINACIONAL
Se le inquirió sobre “la técnica” que aplica la binacional en la recuperación de esos componentes del patrimonio nacional y su respuesta fue lapidaria: “tuvimos intervenciones lamentables, como la que hizo la entidad en Humaitá, nada menos que en el campamento del Mariscal López. Absolutamente contraria a todos los procedimientos. Un rescate que viene a ser el famoso “ñemoporã” (maquillaje), según el cual los muchachos quieren cambiar todo y llevarse el original, que es lo peor, porque, aparte de una mala intervención, ha habido rapiñadas de cosas importantes”.
“El caso de Paso de Patria ni siquiera es dimensionable por los daños, porque el campamento de López se había caído en la famosa inundación de 1983; sin embargo, Yacyretá, seguramente para destinar a algunos profesionales ociosos, les envió a “reconstruir” aquel campamento, con una réplica, que no es admisible como rescate bajo ningún punto de vista”, añadió.
CINCO PATRIMONIOS
El especialista compatriota enumeró cinco patrimonios que la entidad tenía interés de rescatar. “Empezando desde el Este: Marcelina Cue; el casco histórico de la ciudad de Encarnación; el escenario de la Batalla de Tacuarí; Resquín Cue y la isla de Yasyretá”.
Informó que el equipo a su cargo había contratado, por ejemplo, a profesionales de la talla de Ramón Gutiérrez, “un referente obligadísimo de la Unesco”, y que este, a su vez, le recomendó al arquitecto y doctor en arqueología por la Universidad de México Daniel Sahavlezon, que en el presente trabaja en el relevamiento de la fundación original de la ciudad de Buenos Aires, hecha por Pedro de Mendoza.
CINCUENTA HECTÁREAS DE DUNAS
Por razones de espacio, ex profeso saltamos varios capítulos de las verdades exhumadas por el arquitecto Rubiani. Nuestro propósito era recalar primero en la nación de la Luna o en la nación de aguas difíciles, posibles traducciones al castellano del nombre de la isla, que también fue pervertido en el Tratado: Yacyretá.
El relato valió la pena, no solo creó expectativa, sino también captó plenamente nuestra atención: “Cuando uno se aproxima a la isla de Yacyretá -desde San Cosme y Damián- no puede menos que sobrecogerse ante la magnitud de esas enormes dunas que cubren 50 hectáreas y que es el último remanente de la isla”...
Como nuestro conocimiento de esa zona del proyecto es teórico, inquirimos si esas dunas se localizaban antes o después de la represa: “Están en el embalse, dentro del embalse y se prevé que con la cota 83 esas dunas vayan a desaparecer. Eso significa que desaparecería toda la isla de Yasyretá”.
Entendíamos que era una etapa lógica del proyecto, el sacrificio de un ecosistema en el altar de los dioses del progreso, tal como ocurrió con los hoy sumergidos Saltos del Guairá en Itaipú.
El profesional no dudó en explicar que en la isla de Yasyretá existe otro componente de extraordinaria relevancia, “que tiene que ver con la cultura”.
EL ÁRBOL DE LA ESENCIA DEL TIEMPO
Recordó asimismo un singular componente del patrimonio ambiental de la isla de Yasyretá: “desaparecieron todos los árboles de arary, que es una especie, un árbol gigantesco de excelente madera, que había solamente en la isla Yasyretá y solo crece en un ambiente como el de la isla”.
El sacrificio del arary es otro de los costos que paga el Paraguay por una central que hoy le ofrece apenas el 1% de toda su generación e inunda un inmenso territorio, paraguayo en un 80%.
Del arary, según la descripción del arquitecto Rubiani, solo quedan sus muñones, que sobresalen del agua en una suerte de paisaje posdiluvial.
Agregó otra reveladora descripción, desde San Cosme y Damián, otro descuidado patrimonio cultural de la República, “el cruce al centro de la isla, donde están las dunas, lleva una hora en una embarcación a motor. Eso te da la dimensión de la inmensidad de ese espejo de agua y es el más aproximado al mar que tenemos los paraguayos”.
UNOS POR ORO, OTROS POR ENERGÍA
“Encontramos las dunas cubiertas de un material terroso, casi negro y... descubrimos que se trataba nada menos que de urnas funerarias indígenas que los pescadores furtivos fueron rompiendo porque pensaban que contendrían algún tesoro, oro por ejemplo”, añadió.
La conclusión no se hizo esperar: ... “ una devastación absoluta de todas las urnas funerarias”.
UNA CULTURA DE 800 AÑOS ANTES DE CRISTO
Preguntado sobre la antigüedad de esas urnas, respondió que la isla fue “un antiguo enclave prehispánico y, posiblemente, preguaranítico, que data de 800 años antes de Jesucristo y 1.300 años después”.
Agregó que la isla fue “una gran factoría de una gran población, porque era una fábrica de herramientas, nos dimos cuenta de eso por la cantidad de virutas de piedra que hay y por la cantidad de herramientas sin uso que encontraron en el lugar”.
El túnel del tiempo nos permitió regresar al presente de la Entidad Binacional Yacyretá: “Lo curioso es que ese informe lo tenía Yacyretá desde 1994, aunque no con esa precisión, pero que indicaba que efectivamente la isla de Yasyretá era un enclave histórico importante que debió preservarse”.
Advirtió que si no se preserva esa zona, “las 50 hectáreas de dunas se convertirán en un gran banco de arena que implicará un serio peligro a la navegación que se va a desarrollar en el lugar inevitablemente”.
PROPUESTA
Indagado sobre la metodología de preservación que plantearon, Rubiani respondió que plantearon que se hiciese en el lugar “un centro turístico, ambiental, museológico y de investigación”. Incluso un sitio apto para el buceo, apuntó.
El proyecto es posible porque hay tecnología de punta en la materia, que prueba que la propuesta es viable. Holanda es un extraordinario ejemplo. La gran pregunta es si el apuro argentino debido a su crisis energética y a sus proyectos de crecimiento económico nos permitirá volver la mirada sobre ese tipo de propuestas que, seguramente, implicará un sobrecosto, a pesar de que proyectos de esta índole, no como “el monumento a la corrupción”, financiado también con recursos de la misma fuente, beneficiarán no solo a Paraguay y Argentina, sino también a la humanidad. |
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