Hace mucho tiempo las autoridades quisieron clausurar este pozo por el peligro que significaba una perforación de grandes dimensiones en plena calle.
Pero los vecinos lo defendieron porque para ellos representa la única fuente de buena agua para paliar la difícil sequía histórica que afecta a todo el interior chaqueño.
Quien conoce un poco de Sáenz Peña seguramente alguna vez lo pudo observar o escuchó hablar sobre el pozo ubicado en plena calle 28, a unos 300 metros hacia el sur de la ruta nacional 16, en el Barrio Matadero. Es famoso por su inusual ubicación y porque siempre tiene agua, aún en una sequía histórica como la actual.
Con los últimos años, esta calle ganó en circulación vehicular. De allí las autoridades alertaron sobre el riesgo que de mantener un pozo en plena vía pública, y por eso intentaron clausurarlo. Pero se encontraron con la resistencia tenaz de los pobladores de este sector.
Y ahora, en medio de esta impresionante seca de todo el interior chaqueño, los vecinos del barrio Matadero, comprobaron que tenían razón en defender esta perforación que tiene más de 20 metros de profundidad. Porque hoy día es la única fuente de sustento para cientos de familias del humilde barrio Matadero, donde no llega el agua corriente, y por tanto las viviendas no cuentan con conexión domiciliaria de agua.
Estefanía salva la vida de sus animales
Estefanía Timonchuck, una gringa de 47 años que trabaja en una chacra junto a su hija, tiene que acarrear todos los días pesados tachos de 20 litros de agua en cada mano, desde el pozo en el barrio Matadero.
“Yo tengo chanchos y vacas. Y está fea la situación por la sequía y por la falta de agua”, señaló la mujer que hace más de 30 años vive en la chacra que se encuentra frente al pozo.
“Lo querían tapar y cerrar porque está en medio de la calle, pero juntamos firmas los vecinos porque unos cuantos juntaban agua. Además porque esta agua es buena”, contó Estefanía.
En todo el tiempo que esta mujer lleva al frente de la chacra, le tocó en otras oportunidades afrontar sequías como estas. Y siempre el paliativo fue la perforación que se encuentra frente a su finca, en medio de la polvorienta calle que debe recorrer varias veces para juntar todo el agua necesaria.
“Así luchamos, a pesar de que somos dos mujeres solas, para salvarlos a los animales. Como se puede”.
Hace más de 20 años que Estefanía se separó de su marido. Entonces tiene que encargarse ella misma de los duros trabajos de la chacra. Donde el acarreo del agua es uno de los más arduos y que debe hacer todos los días sin falta porque de ello depende que la subsistencia de su familia y de sus animales que son su fuente de ingresos y alimentos.
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