La presión inmobiliaria es, sin duda, uno de los mayores riesgos a los que están expuestos los sitios de particular sensibilidad ecológica. Esto sucede, sobre todo, cuando no se cuenta con una planificación que permita orientar el crecimiento, de modo de asegurar que los proyectos de desarrollo no destruyan los valores naturales que dan sentido y valor al lugar. En la Argentina no hay zona turística que no esté expuesta a una presión que ponga en riesgo el mantenimiento de la esencia y de la autenticidad de un patrimonio natural o cultural.
Las costas de Uruguay tampoco son ajenas a este fenómeno mundial que, en ocasiones, ha arrasado o desvalorizado muchos atractivos por la ausencia de límites precisos. Existe ahora una seria amenaza para el proyecto de conservación de la biodiversidad en una zona sujeta a ser declarada parque nacional o paisaje protegido: la Laguna de Rocha.
Allí, la costa atlántica, más oceánica y menos apacible que las playas vecinas de José Ignacio o La Pedrera, comprende el sistema lacustre costero del Cono Sur, que se inicia en la Laguna Mar Chiquita (Mar del Plata), abarca lagunas de José Ignacio, Garzón, Rocha y Castillos, y se extiende hasta Lagoa dos Patos, en Río Grande do Sul, Brasil. Este sistema se caracteriza por mantener una comunicación con el mar a través de un régimen dinámico de apertura y cierre de sus barras arenosas, lo que determina un permanente intercambio de aguas, favoreciendo la productividad interior de sus cuerpos y el desarrollo de áreas de cría que, como en el caso de Rocha, alberga unas 220 especies de aves.
Muchas de las especies de peces e invertebrados que habitan estos sistemas presentan poblaciones compartidas. Los alrededores de la Laguna de Rocha son una importante zona de alimentación, sitio de parada y descanso para aves migratorias y residentes, así como un área de nidificación, principalmente en la frágil Laguna de las Nutrias, afectada por acciones ilegales de extracción de huevos de gaviotas, y caza de carpinchos y nutrias.
Los nuevos emprendimientos prevén edificaciones, obras de infraestructura, generación de residuos y desagües de efluentes que podrían provocar la alteración de las características ambientales de Rocha.
Vale destacar que en febrero de 2000, después de un largo proceso, Uruguay consagró la creación de un sistema nacional de conservación que implica la recalificación de los espacios protegidos mediante un previo proceso participativo, que incluye la celebración de audiencias públicas y que procura la incorporación voluntaria al sistema, por parte de los particulares cuyos predios privados estarán dentro del área protegida.
Estas propiedades estarán sujetas a algunas limitaciones que, en la mayoría de los casos, permitirá continuar con las actividades agrícolas y ganaderas tradicionales, teniendo en cuenta su carácter rural, pero con la posibilidad de utilizar sistemas de certificación que valoricen sus productos al ser realizados en un área protegida.
Sin duda, este mecanismo inteligente busca convertirse en un incentivo para la inclusión de predios de propiedad privada en el mismo sistema. La protección de la zona de Rocha, comprendida dentro de la Reserva de Biosfera Bañados del Este, tiene como objetivo evitar el fraccionamiento del hábitat y asegurar la conservación de la diversidad biológica y de los valores paisajísticos de los ecosistemas que los integran, así como la utilización sustentable de sus recursos naturales.
Los intereses inmobiliarios actuales y la especulación por el aumento del valor del suelo, en pugna en muchas ocasiones con los principios de conservación, pretenden la autorización de fraccionamientos cada vez más pequeños en áreas rurales y la posibilidad de construir cada vez más cerca del mar, reduciendo los 250 metros que impone la normativa actual. Todo ello junto a la renombrada intención de construir un puente sobre la laguna Garzón, en reemplazo de la balsa actual, con menos justificativos económicos y sociales que publicitarios, y con indudables riesgos de cambiar el carácter de Rocha, está poniendo en juego el futuro del área protegida y reclama la inmediata puesta en marcha de un profundo proceso de evaluación de impacto ambiental.
Como en todos los lugares de especial riqueza natural y cultural, las decisiones en materia de planificación implican la búsqueda incesante de un desarrollo armónico para las futuras generaciones, que depende de medidas que se adopten hoy.
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