Cuando el ex gobernador Jorge Sobisch decidió construir un acueducto desde el lago Los Barreales en el 2007, generó ilusiones y sospechas. Pero ninguna de las autoridades de aquel entonces salió a criticar el proyecto en su formulación.
Una vez que asumió el actual gobernador Jorge Sapag se supo en Cutral Co y en Plaza Huincul que la obra no se haría como se había planificado. Las 2.500 hectáreas planeadas para la producción agrícola eran un sueño irrealizable y a cambio se decidió irrigar las tierras de los barrios rurales que rodean a la comarca petrolera.
En tiempos de Sobisch, desde la Dirección de Recursos Hídricos se realizó una explicación ante intendentes y concejales sobre por qué era conveniente traer agua desde Barreales y no desde el mismo río Neuquén o el lago Mexía.
Después se realizó una audiencia pública en el gimnasio municipal, se explicó el proyecto y se presentó el estudio de impacto ambiental. A ninguno de los presentes se le ocurrió preguntar por la provisión de energía y la expropiación de las tierras que ahora transforman a esta obra faraónica casi en un despropósito.
Gastos
Se le escuchó decir al intendente Ramón Rioseco que se gastaron 132 millones de pesos para regar granjas del programa Pro Huerta. Fue a principios de este año y sonó a exageración.
En las dos últimas semanas tanto el Concejo Deliberante como la Secretaría de Planificación y Desarrollo del municipio dejaron conocer algunos datos que son realmente alarmantes. Según los registros de Catastro, los lotes en Monte Hermoso y Filli Dei tienen dimensiones similares a los urbanos, en promedio son de 30 por 40 metros.
Sus dueños, en general, son familias que no tienen ningún ingreso y viven de la crianza de unos pocos animales y de la asistencia social.
En Filli Dei hay mayor desarrollo, pero de las 140 hectáreas que podrían irrigarse solamente 40 están en condiciones de producir, porque las restantes están ocupadas por una nutrida malla de gasoductos y oleoductos de las empresas petroleras que operan en las cercanías.
Cambios
Desde la Secretaría de Planificación y Desarrollo se propusieron algunos cambios al proyecto original. El nuevo diseño tiene en cuenta las altimetrías del terreno y ubica las válvulas del acueducto en los sectores más altos para después irrigar en base a la gravedad terrestre y no ocupar energía para la distribución.
En el caso de Filli Dei el punto de distribución se ubica en el área de Filli Dei Sur, donde se encontró una altura de 640 metros. Además se solicitó allí que se construya un reservorio de 3.000.000 de litros que pueden constituir una reserva de agua para los casos de emergencia hídrica en la región.
Lo mismo ocurriría en Filli Dei. El punto de distribución sería el cerro California, que tiene 700 metros de elevación y permite el riego. Para este punto también se pidió un reservorio de 3.000.000 de litros y una pequeña planta de potabilización. Desde allí está prevista la utilización del agua para forestación urbana.
Aunque parezca una paradoja, casi una burla, el problema el año que viene será la abundancia de agua y no su carencia porque si el gobierno provincial cumple con su promesa y finaliza el acueducto en el primer trimestre no podrá ponerlo en funcionamiento. “Cuando el agua comience a salir hay que usarla y nosotros no tenemos red de distribución ni a los productores para utilizarla”, aseguran en el municipio, casi con resignación.
Para la forestación urbana
Como la utilización del agua para riego todavía es una incógnita, desde la Secretaría de Planificación y Desarrollo del municipio se considera la posibilidad destinar parte del agua cruda para la forestación urbana.
El proyecto fue trabajado con el Copade y en menor grado con la dirección provincial de Recursos Hídricos. La intención de las tres áreas técnicas es que el agua llegue a los lugares donde se necesita forestación como la bicisenda a la orilla de la Ruta Nacional 22, el boulevard de la avenida Carlos H. Rodríguez en toda su extensión y además todas las plazas barriales.
Hoy la irrigación de los espacios verdes es un problema sin solución, porque si se lo riega con la red de agua se pierden millones de litros de agua potable que cuesta mucho dinero y trabajo. Pero si se realiza con agua de pozo también es oneroso porque requiere de la contratación constantes de camiones regadores.
Por otro lado, se trabaja a contrarreloj para establecer un programa de desarrollo en áreas rurales. No obstante, esta proyección choca con la falta de rentabilidad que depararían los espacios reducidos de tierra.
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