Alejandro Silvestre es profesor de la Facultad de Ciencias Veterinarias de la Universidad de Buenos Aires (UBA), especializado en seguridad alimentaria. Los días jueves y viernes dictó en esta capital un curso sobre la materia dirigido para los profesionales del medio dedicados a los controles sanitarios y bromatológicos. El catedrático inició su disertación con datos escalofriantes acerca de las ETA (Enfermedades de Transmisión Alimentaria): Tres millones de chicos mueren por año a causa de diarrea; un chico muere cada tres días por diarrea en la Argentina; y el 70% de estas diarreas están originadas por alimentos.
"Son cifras alarmantes, porque la mayoría de estas enfermedades se podrían prevenir con la educación de la gente. Muchos de estos problemas tienen su origen en que la gente no aprendió a hacer bien las cosas, y no en que tengan la intención de causar este daño", explicó en diálogo con Radio Noticias.
-¿Hay otras enfermedades que surgen por el consumo de alimentos?
-Por supuesto. Estas enfermedades, además de la diarrea, el vómito y la fiebre que provocan, generan complicaciones muy severas. En Argentina tenemos el triste record de ser el país del mundo que más casos tiene de Síndrome Urémico Hemolítico (SUH). El síndrome aparece como consecuencia de una bacteria llamada Escherichia Colli, que se traduce en la aparición de chicos con gravísimos problemas renales que luego necesitan diálisis y un transplante.
-Se considera que el agua si está muy clorada está libre de contaminación. ¿Es así?
-No es así. Si lo es para algunas bacterias y muchos virus para los que el cloro resulta altamente efectivo. En Estados Unidos, hace 10 años, se enfermó mucha gente de la ciudad de Milwaukee, 400 mil personas, por consumir agua de red. Era agua que pasaba por una planta de tratamiento, donde el medio de tratamiento era la clorinación. El agente que causó la enfermedad fue un parásito que se llama Cryptosporidium, al cual el cloro no le hace absolutamente nada. El cloro sirve para muchas cosas pero no es mágico y no sirve para todo.
-¿Usted dijo que cada seis segundos muere en el mundo una persona por no comer, pero cada diez muere una persona por consumir alimentos contaminados?
-Exacto. Es muy grave el problema de la contaminación. Eso se da quizá más concentrado en los continentes con mayor carencia de infraestructura sanitaria. Africa es un continente que realmente cuesta muchas vidas por la contaminación alimentaria, pero en América Latina no podemos gritar victoria porque tenemos muchas zonas, en nuestro país y en otros, que realmente padecen estos problemas por mal manejo de los alimentos o por falta de infraestructura.
-Según las estadísticas, en nuestro país no se enferma casi nadie. ¿Son seguras nuestras cifras?
-No hay datos oficiales. En realidad, todos tenemos un familiar, un amigo o conocido, o uno mismo, que padeció un cuadro vinculado a una ETA, algún problema de diarrea o vómitos, pero cuando uno mira las estadísticas oficiales, que son las que presenta el país en eventos internacionales, pareciera que no pasa nada y que todo es maravilloso. La realidad es que se registra muy poco de lo que realmente se produce.
-¿No hay datos?
-Las estadísticas son muy pobres e ineficientes. En esto tenemos que ver todos. Los sistemas de salud tienen que comprometerse en notificar estos casos. En Argentina hay una ley de Notificación Obligatoria de Enfermedades, que si se cumpliera en forma cabal seguramente tendríamos mucha más información.
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