La sequía que afecta a la Argentina agrícola debería menguar con las lluvias de la primavera, sin embargo los daños se prolongan con la siembra de un millón de hectáreas menos de trigo que el año pasado, la muerte de bovinos y la caída en los rindes de los commodities, informaron varios especialistas.
Los cálculos de mortandad de animales hablan de 200 mil cabezas en Chaco, cifra que podría repetirse en otras provincias y elevar el número a más de un millón.
Según la analista Susana Merlo consultada por Noticias Argentinas, también desapareció hacienda por la deficiencia de pastos afectados y por el corrimiento de la frontera ganadera a zonas más ulnerables, sin pasturas ni agua.
Ricardo Villalba, experto mendocino que integra el Panel Internacional de las Naciones Unidas sobre cambio climático, advirtió que las lluvias van a disminuir y concentrarse un alto nivel de precipitaciones en muy poco tiempo.
Las consecuencias advertidas por Villalba están a la vista, y así lo confirman los hechos que en junio denunció el diputado nacional Pedro Morini.
En esa época, el legislador pidió al Poder Ejecutivo que se declare la emergencia económica y social, por 180 días, prorrogables, en los departamentos santafesinos afectados por sequía: San Cristóbal, San Justo y San Javier.
En los fundamentos expuso una síntesis de la situación del norte santafesino que lleva cinco meses sin precipitaciones: El litoral argentino sufre la peor sequía desde 1925, entre marzo y abril debían caer unos 160 milímetros de agua.
"Sin embargo, en la mayor parte de los distritos del norte de la provincia de Santa Fe prácticamente no ha llovido", fundamentó el legislador.
Graciela de Grisolia, investigadora de la localidad santafesina de Rafaela, explicó que la sequía es una de las anomalías ambientales más difíciles de evaluar porque también se relaciona con la capacidad de almacenamiento del suelo y la aparición de este fenómeno con el ciclo vegetativo anual.
A fines de julio, el gobierno de Santa Fe había asistido con 16 millones de litros de agua a la gente del norte de esa provincia que no almacenó, como otras, el líquido vital.
El ganado santafesino, por iniciativa del INTA comenzó a ser trasladado "hospedajes" para ser alimentados con comida y agua y se preservaron los campos para vacas preñadas.
Según informes del INTA Reconquista, el impacto generará pérdidas por 1.200 millones de pesos.
En estos momentos la emergencia nacional se extiende al Chaco (con hacienda muerta), la Pampa, el sur bonaerense, y el norte santafesino.
Las campañas de trigo fueron lesionadas (un millón de hectáreas menos, cuatro o cinco millones menos de toneladas en el futuro) y muchas dudas a la hora de sembrar trigo y maíz.
Carlos Sartor, responsable del Sistema Agropecuario de Santa Fe, explicó que se trata de la peor sequía de las últimas décadas.
Este mediodía, el titular de la Federación Agraria Argentina, Eduardo Buzzi, solicitó a la Nación que destine 500 millones de pesos para asistir a los productores afectados por la sequía.
El dirigente dijo que el sistema de Emergencia Económica es lento en su ejecución, y la realidad es que llega tarde para ayudar a la reactivación de la producción.
El proyecto de Ley Morini faculta al Gobierno a refinanciar las obligaciones de los productores afectados de tres departamentos de Santa Fe, a través del Banco Nación.
En junio, gran parte de las más de 35.000 has. sembradas con soja, girasol y maíz en esa zona santafesina no fue cosechada debido a la pobreza de los rindes.
"La disponibilidad del agua varía por el cambio climático, hay lugares con períodos de sequía largos e intensos, y la provisión hídrica es uno de los apremiantes problemas argentinos", dijo Osvaldo Canziani, copresidente II del Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC) que ganó el Premio Nobel de la Paz "No retenemos el agua, además cada vez que exportamos alimentos, sacamos agua fuera del país. Una tonelada de trigo equivale a mil toneladas de agua", señaló.
Considerada por la doctora Magrin del equipo Canziani esta sequía como un "episodio", apuesta a que la genética consiga especies más resistentes.
Foto: Archivo Programa Infoagua |
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