Sería lamentable que un muy bueno y oportuno aporte para la ciudad, liderado por la Cámara de Comercio de Cali, se viera frustrado por insistir en hacerlo donde no se debería. El hecho es que Mauricio Sánchez, miembro de la Junta de Acción Comunal de San Antonio y los muchos vecinos de ese barrio que se han manifestado al respecto, tienen toda la razón en oponerse a la modificación radical, con senderos, edificios y estacionamientos del actual Parque del Acueducto. Es todo un despropósito que para hacer algo bueno haya que eliminar otra cosa igualmente buena, y sin duda el parque existente allí es el más bello de Cali, y, contrario a lo que se ha dicho, no precisa de ninguna intervención, aparte de retirar los ‘mogadores’ y columpios que últimamente se le pusieron. Y, por supuesto, un mejor conocimiento de las implicaciones urbanas y ambientales del proyecto nos debería incumbir a todos, por su importancia, significado y costo para la ciudad, comenzando por el Alcalde, la Secretaría de Planeación, el Concejo de Monumentos y la Sociedad Colombiana de Arquitectos.
Los caleños tenemos que comprender que lo grave es que así es como se ha destruido nuestro centro histórico a lo largo del Siglo XX y, con ello, comprometido nuestra identidad. El Teatro Municipal, por ejemplo, se hubiera podido hacer en otra parte, sin tener que demoler las casas que allí existían, no importa que estuvieran abandonadas, pero lo que se quería, además de tener un nuevo teatro (el anterior en la Plaza era ya una vergüenza), era cambiarle la imagen a la nueva capital del nuevo departamento. Y lo mismo sucedió después con la nueva Gobernación, que se pudiera haber construido sin tener que demoler el Palacio de San Francisco y con el CAM, que no implicaba eliminar el cuartel del Batallón Pichincha, sino simplemente hacerlo a su lado. Hoy, el centro histórico de Cali está ‘constituido’ en buena parte sólo por la memoria de lo que allí ya demolimos, al punto de que los pocos edificios de antes que todavía quedan, paradójicamente se ven algo extraños en medio de sus muchos y recientes nuevos edificios.
El Parque del Agua podría estar entre el Zoológico y el Jardín botánico, para beneficio de los tres y del gran proyecto del río Cali. Sólo habría que comprar el terreno, que en el caso del Parque del Acueducto es gratis si se hace caso omiso de lo que vale la memoria colectiva de la ciudad. Esta forma de pensar nos ha llevado antes a graves errores, como pasar a Jamundí la Universidad del Valle y hacer en Yumbo el Centro de Eventos, sólo por que sus lotes fueron donados, lo que es un decir si se considera la valorización a su alrededor. En el peor de los casos sería preferible dejar para el futuro el Parque del Agua y no borrar nuevamente nuestro pasado.
La historia del parque actual se remonta a 1870, cuando los franciscanos iniciaron allí la construcción de un acueducto y forma parte integral del de San Antonio, inaugurado en 1930 y nombrado patrimonio arquitectónico de la ciudad. Ya se salvó de la ampliación de la Circunvalación, no lo destruyamos ahora con una iniciativa que merece mejor destino. Además, el Parque del Agua podría ser el acueducto de San Antonio mismo: antes se podía visitar. |
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