La marea roja y el vibrios parahaemolyticus -comúnmente llamado "vibrión"- suelen confundirse por ser dos de los fenómenos naturales más temidos por los pescadores artesanales e industriales, sin excepción.
La primera es causada por microalgas y la segunda, por bacterias, pero ambos fenómenos consisten en la toxicidad de los productos marinos -especialmente moluscos- que de ser consumidos crudos pueden causar desde diarrea hasta la muerte. Su aparición puede ocasionar desde una pandemia de intoxicaciones hasta tener consecuencias económicas, como la quiebra de los distribuidores de productos del mar.
En Chile, cada año se enciende la alerta especialmente durante el verano y semana santa, períodos en que aparecen los afectados. El vibrión apareció por primera vez en 1998 en el norte, pero paulatinamente se ha trasladado también al sur, pudiendo encontrarse casos incluso en Puerto Montt. Lo extraño: la literatura asocia su aparición con las altas temperaturas, por lo que encontrarlo en el norte tiene su lógica -el agua supera los 18 grados Celcius- sin embargo, las aguas del sur no pasan los 15 grados. Llama la atención su traslado, pues habría otras características que producen que el vibrión prolifere en esas zonas.
Otra particularidad que confunde a los expertos es que en sectores donde existen pruebas de que el microorganismo permanece, no se presentan casos de intoxicaciones, es decir, no ataca.
Teniendo en cuenta lo dinámico que puede ser el vibrión, investigadores del Laboratorio de Ecología Microbiana de la Facultad de Recursos del Mar de la Universidad de Antofagasta, liderados por el microbiólogo marino, Carlos Riquelme, realizarán un estudio, único en Sudamérica, en que analizarán la microbiología de la bacteria y su comportamiento en el mar, tratando de identificar cómo se relaciona con otros organismos marinos. "En este momento no hay claridad sobre su dinámica poblacional ni hay estudios que pretendan identificarla. Nuestro estudio pretende inocular y monitorear la bacteria, determinar dónde se aloja y conocer su ecología para implementar medidas de mitigación", explica el líder la investigación. Además de comprobar si la bacteria que causa el fenómeno en el norte es la misma variedad del sur.
Acuarios gigantes
El proyecto consiste en la construcción de un mesocosmos marino que incluye dos acuarios de 40 mil litros cada uno, y dos más pequeños -de mil y cinco mil litros- que imitarán el ecosistema costero. Con ellos se estudiarán las distintas especies infectadas con la bacteria, su desarrollo, comportamiento, forma de desplazamiento y contagio. "Cada estanque contará con sistemas de recirculación de agua de mar, de control, para que no se escapen los patógenos, y simulador de olas", indica Riquelme. La idea es replicar lo mejor posible el medio natural de la bacteria, por lo que también se evaluará su interacción con otros organismos -no tóxicos- que podrían, eventualmente, estar causando que la acción del vibrión se inhibiera, lo que explicaría por qué hay zonas donde no ataca.
Una de las hipótesis asegura que se trataría de una clase de bacterias análogas al vibrión, pero no patógenas, que compite por el mismo nicho, indica el investigador principal.
APOYO INTERNACIONAL
?Los investigadores chilenos trabajan asociados al investigador Azam, experto en microbiología marina de la Universidad de California, San Diego.
?Esta semana llegaron de una gira tecnológica por distintas instituciones en Estados Unidos, con las que firmaron convenios de intercambio y capacitación.
?Se espera que para el inicio del trabajo con el mesocosmos, marzo de 2009, Azam llegue a Chile a participar activamente de la investigación.
|
|
|