Hugo Micheti recorre con su hijo Alejandro el campo que heredó de sus abuelos. Los grandes manchones amarillos en los lotes de trigo son una prueba de la falta de agua. La avena está apenas florecida, cuando lo normal para esta época del año sería que llegara a los 70 centímetros de altura. Para colmo, sopla un viento pampero, señal de que caerá una helada, según Micheti.
Rendimientos que disminuyen para el maíz, rodeos que se reducen progresivamente y cada vez menos hectáreas dedicadas al trigo: la sequía complicó el panorama agropecuario en el norte bonaerense.
"El problema es grave: aunque llueva esta noche, los suelos no se recuperan", sostuvo Hugo. Su hijo Alejandro recordó con nostalgia que la última lluvia importante (de 90 milímetros) había caído en marzo, pocos días después de que comenzara el paro agropecuario.
El presidente de la Sociedad Rural de Pergamino, Roberto Campi, sostuvo, tajante: "Tendría que llover un montón para poder sembrar maíz". La cuenta regresiva ya empezó: a diez días empezado septiembre, época tradicional para esta siembra, las perspectivas son preocupantes.
Desde la estación local del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), informaron que hay un déficit de 400 milímetros en las lluvias respecto del año pasado. En 2007, a esta altura del año habían llovido 670 milímetros, mientras que en lo que va de 2008 sólo cayeron 280. "La cantidad de precipitaciones no va a llegar a cubrir la media anual, que es de 1000 milímetros", explicó Silvia Re, del INTA.
Esther Mazzón, productora de la vecina localidad de Alfonso, contó que la tierra suelta, normal en zonas marginales de producción agrícola, domina hoy el paisaje regional. "Nosotros no estamos acostumbrados a esto, la tierra se alivianó por efecto de la seca y mantiene menos la humedad", explicó.
Los números no cierran y se espera una tendencia a hacer cultivos más económicos y menos fertilizados. Carlos Cinelli, propietario de un local de agroinsumos, dijo: "Ya se nota una merma en el nivel de fertilización: se compra lo esencial". Victorio Kovcevich, otro productor local, explicó que la reducción de fertilizantes afectaba los rendimientos. "Esto se viene muy feo para el futuro, hablamos de disminuir la producción", enfatizó.
En El Paraje La Vanguardia, a 30 kilómetros de la ciudad de Pergamino, el panorama es más incierto. Su propietario, Alejandro Calderón, produce maíz y apuesta, desde hace 15 años, a la producción de arvejas con rendimientos promedios de 1800 a 2500 kg por hectárea.
"Nunca viví una situación como esta, es la primera vez que viene una seca cuando el cultivo está naciendo. No tengo dimensión de como afectará los rendimientos", admitió, preocupado. Al recorrer el campo en el que se crió, se lamentó: "Estos lotes tendrían que estar todos verdes y parece que pasaron con un lanzallamas, dan ganas de llorar".
Consultados sobre la posibilidad de que el Gobierno los apoye en los años de sequía, los productores son escépticos. Gustavo Rasuk dijo: "El Estado nunca va a hacer el fondo anticíclico, lo tiene que hacer el productor pero, entre las retenciones del gobierno nacional y el impuesto inmobiliario provincial, no se puede". Mazzón sostuvo: "No queremos que nos den nada, pero que no nos saquen más".
Trigo y maíz, desplazados
Como efecto de la crisis general del sector ya se pueden encontrar campos en alquiler en esta zona. "Hace seis meses era imposible encontrar uno", enfatizó Rasuk. Los efectos llegaron a la cadena de pagos. Luis Cantons, que no recuerda una seca igual en sus 50 años productor, dijo: "Ya hay problemas con quienes compraron máquinas financiadas y se cortó la cadena de pagos. Hay que rezar para que llueva; si esto sigue 15 días más, va a tener un efecto devastador".
En cuanto a las hectáreas dedicadas al trigo, desde la Sociedad Rural informaron que se había sembrado un 30% menos respecto del año pasado. "La sequía ayudó a desplazar un poco más a los cultivos que el Gobierno quería fomentar: el trigo y el maíz", dijo Campi.
Para la ganadería el panorama es menos alentador. En los últimos años se redujo exclusivamente a cañadas y zonas donde no se puede hacer otra producción. Hace diez años este partido tenía 150.000 cabezas y, este año apenas superaron las 100.000 en la última vacunación.
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