En los últimos dos meses, han recrudecido en la región los incendios en campos y también de banquinas a la vera de rutas y caminos con los riesgos que esta situación plantea para la seguridad de las personas y bienes.
Esperanza, Monte Vera, Laguna Paiva, Arroyo Aguiar, Progreso y Recreo, por citar algunos de los lugares que fueron afectados por focos ígneos, no tuvieron mayor trascendencia por la oportuna intervención de los bomberos voluntarios, que siempre están atentos ante cualquier siniestro.
En muchos casos, al darse los incendios de forma simultánea, los servidores debieron redoblar sus esfuerzos para que las llamas que amenazaban llegar a áreas pobladas no pasen esos límites. Sin embargo, hay algo llamativo y es que estos hechos se producen generalmente con mayor asiduidad durante los fines de semana. Un dato no menor, teniendo en cuenta que el mayor desplazamiento de la gente durante esos días en busca de descanso y esparcimiento, no debería generar ningún tipo de consecuencia.
Una chispa por una fogata no controlada y la simple colilla de un cigarrillo arrojada a la banquina de una ruta puede provocar más que un dolor de cabeza.
Este panorama es muy fácil de comprobar cuando transitamos por la zona. Banquinas y alambrados quemados, árboles resecos por los efectos del fuego constituyen el vestigio de una modalidad que, al margen de la contingencia climática, no debería ponerse en práctica por los riesgos que genera.
Teniendo en cuenta que los pronósticos más alentadores indican que las precipitaciones comenzarían a producirse durante el mes de octubre, deberán arbitrarse las medidas para que este tipo de acciones no se repitan, ya que la mayoría de las poblaciones no cuentan con defensa civil, lo que pone en el tapete otra debilidad para afrontar cualquier siniestro.
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