El tema que hoy trato, es uno del que se habla bastante en la actualidad y, sin embargo no demasiada gente tiene una idea exacta de cuáles son los riesgos reales de este grave problema planetario. Me refiero al derretimiento de nuestra mayor reserva de agua dulce, un valiosísimo patrimonio de la humanidad: los glaciares del Artico y de Groenlandia.
Según los científicos, a fines del último verano la cobertura de hielo del Artico descendió a 3,2 millones de kilómetros cuadrados. Desde 1978 hasta la actualidad las mediciones en el período estival habían alcanzado como máximo los 3,8 millones. Ahora, además, el hielo sobreviviente presenta una estructura más delgada que la habitual.
Afirmaron también que el derretimiento marca la evidencia del calentamiento en la zona, pero dijeron que no sólo se debe a las oscilaciones del clima, sino fundamentalmente al daño provocado por los seres humanos sobre el medio ambiente, principalmente causado por las emisiones de dióxido de carbono, que destruyeron gran parte de la capa de ozono del planeta.
Algunas estimaciones señalan que el Artico no habría estado absolutamente libre de hielo desde los años 50. Y si la reducción continúa en los niveles actuales, la media anual de cobertura de hielo podría caer un 20% en el año 2050, momento en que el Artico podría permanecer libre de hielo durante los meses de verano.
La reducción del hielo del mar afectaría globalmente los océanos. El agua fría que proviene del derretimiento del hielo tiene menor densidad que el agua marina salada y puede evitar la salida del agua profunda del océano.
Las aguas abiertas también son más cálidas que las de los océanos cubiertos de hielo, porque absorben más del 80 por ciento de la luz solar, mientras que el hielo la refleja en el mismo porcentaje.
Por otra parte, recientes mediciones satelitales han registrado un derretimiento de más de 420.000 kilómetros cuadrados en Groenlandia, una cifra que excede todas las mediciones previas.
En un artículo publicado en Science, científicos de la NASA anunciaron que el derretimiento de los glaciares le ha cambiado la cara al planeta. A partir de 1997, la Tierra se ha hecho más oblicua, como una calabaza. Esto revierte la tendencia observada desde la edad del hielo, cuando el planeta tenía forma más esférica. Los autores agregan que la acumulación de agua proveniente del hielo de los glaciares contribuyó al achatamiento del globo terrestre.
Cabe considerar, que apenas estamos empezando a informarnos sobre la conjunción de los sistemas oceánico y atmosférico; y también muy pocos conocemos hasta qué punto hemos modificado los sistemas naturales y las condiciones físicas de la atmósfera terrestre, como habitantes dependientes de este planeta, al que estamos destruyendo con absoluta negligencia e irresponsabilidad.
|
|
|