Cuando Mario Pozzo y Jorge Chacón -de 17 años- encontraron un frasco de petróleo en el laboratorio no imaginaron hasta donde los llevaría. Buscaban un material para hacer un buen proyecto semestral en biología y, principalmente, una nota.
Pero al poco tiempo se dieron cuenta que el hallazgo había sido gravitante. Iniciaron los experimentos con una bacteria, que antes habían aumentado y aislado en un bioreactor, y la aplicaron en suelos y plantas contaminadas con el crudo, dándose cuenta que los microorganismos que habían aumentado lograban descontaminar y solubilizar el espeso contaminante.
No se conformaron con eso. Querían más. Mario viajó a la costa y trajo agua de mar para probar la efectividad de sus microorganismos. Y obtuvieron un gran resultado. Tanto así que durante esta semana, junto a su profesor guía, están representando a Chile en la Semana Internacional del Agua, en Estocolmo.
Ayudar al planeta
"Esto partió en tercero medio por una nota. Estábamos viendo bacteriología y teníamos que elegir algún proyecto y sacarlo adelante en ese semestre. Pero los resultados que se nos fueron dando. Lo bien que nos resultaron los experimentos y la nota hace rato que ya pasó a otro plano. Ahora ganar el concurso nos ha motivado a seguir con el proyecto más allá y ojalá tener resultados concretos y reales para poder ayudar a nuestro planeta", dice Jorge, quien junto a su compañero del Instituto de Humanidades Luis Campino ganaron el concurso Junior del Agua, que la Dirección General de Aguas del Ministerio de Obras Públicas realiza anualmente.
Ahora, con su trabajo "Aislamiento y acción de bacterias descontaminantes de petróleo", están compitiendo junto a otros 25 países por el primer lugar del duodécimo Stockolm Junior Water Prize.
Aun cuando no consigan alguno de los premios del concurso, Mario y Jorge ya tienen decidido seguir con el proyecto. Dicen que el proyecto en agua los marcó y ahora ya están decididos a seguir con otros experimentos para sus bacterias.
"Nos quedan dos o tres para terminar el ciclo, para después ver cómo es su código genético".
Ahora van por ensayos en animales, macroescala (derrame real) e identificar la cepa.
"Si no existe, ya estamos hablando de otra cosa, pero si ya existiera igual bien, porque nuestro protocolo de trabajo fue nuevo, funcionó y puede servir para otro proyecto a futuro", dicen.
Los escolares saben que tienen una mina de oro en sus probetas. Es que hasta ahora los resultados han sido muy buenos. Con este mismo experimento ganaron el año pasado el concurso regional y nacional Explora Conicyt y no pretenden dejarlo de lado una vez que terminen su Cuarto Medio.
"No me gustaría terminar el colegio y dejarlo a medias o que lo llegara a tomar otro alumno. Nosotros como que nos enamoramos de nuestro proyecto, de nuestras bacterias. Mal que mal son nuestra bacterias, son como nuestras hijas. Y queremos verlas crecer, queremos que den frutos, que puedan contribuir en algo", dice Chacón.
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