El sol de una típica mañana de invierno comenzaba a contribuir una cuota de calidez a una jornada que pronosticaba ser fría y nítida; tanto es así que el reflejo de las humildes casillas de la Villa Betharram parecía formar un espejo perfecto sobre las turbias aguas del Arroyo del Rey, en Almirante Brown. Info Región recorrió uno de los barrios más carenciados de la zona junto con un grupo de vecinos, quienes se encargaron de manifestar los inconvenientes de vivir en un lugar donde el horizonte se encuentra oculto tras la basura, donde las viviendas rodean a un afluente claramente contaminado.
“La manera en la que estamos viviendo es realmente un asco y ya no sabemos qué más hacer. Hicimos reclamos a la Municipalidad, pero no nos atienden los pedidos. Lo único que buscamos es que de vez en cuando se acuerden de nosotros y limpien el arroyo. Sabemos que nosotros tomamos este terreno hace muchos años, pero la realidad es que nunca nos vinieron a sacar de aquí, el barrio se consolidó y ahora las autoridades deberían hacerse cargo de nosotros también”, señaló Mirta, vecina de la calle Brayle.
En tanto, los residentes del lugar reconocieron que colaboran al crecimiento de la polución en el arroyo ya que arrojan residuos al agua. Según indicaron, “el basurero llega al barrio de manera aislada”, lo que los obliga a buscar "maneras alternativas" para apaliar la suciedad en el interior de sus viviendas.
“No podemos dejar la basura adentro de nuestras casas hasta que pase el basurero; nosotros tenemos el servicio de recolección cuando la empresa se acuerda de que existimos. Todos los días tiro la basura al borde del arroyo y la prendo fuego, sé que eso está mal, pero tampoco tengo otra solución. De todos modos, hay mucha gente que ni siquiera la quema y arroja al agua todo tipo de desperdicios”, admitió Valentina Gutiérrez, residente de la Villa Betharram desde hace 25 años. Y denunció: “A pocos metros de aquí hay un depósito de autos que pertenece a la policía y ellos también arrojan cosas al agua. Los coches están al sol durante años y eso también tiene que estar contaminando la zona”.
Por otro lado, los roedores se convirtieron en una de las mayores problemáticas de la villa, debido que los vecinos temen ser mordidos por las ratas y contraer alguna enfermedad.
“Hace pocos meses falleció un hombre porque lo mordió una rata. Cuando la mujer lo llevó al hospital dijeron que debería mudarse del barrio porque esos animales infectaban todo lo que tocaban, pero como no tiene recursos la señora sigue viviendo aquí con sus tres chicos. Todos tenemos nenes y muchas veces los tenemos que alejar de los ratones. Además, los animales tienen el tamaño de una gallina, son una cosa impresionante”, sentenció Mirta, en diálogo con este medio.
En ese sentido, los días de tormenta el agua proveniente del arroyo ingresa a las precarias casas y “avanza con todo a su paso”.
“Perdí varias heladeras, cocinas y muebles durante la época de mayores lluvias. Acá el agua llega hasta las ventanas y se filtra por todos lados, parece un río. Cada tanto contratamos camiones cargados de tierra para rellenar un poco los sectores que lindan con el arroyo, pero no sirve de mucho”, lamentó Susana Venteas, dueña de una panadería y vecina.
En ese contexto, los vecinos denunciaron que se produjo un alto crecimiento de las enfermedades bronquiales y también alergias en la piel y responsabilizan directamente a “la contaminación del agua”.
“El líquido cambia de color de acuerdo a los días. Hoy por ejemplo está completamente negro, pero hay veces que está rojo y hasta verde. El olor es terrible y se vuelve más intenso por las tardes. El aroma es tan penetrante que no podemos salir de nuestras viviendas. Mi hija está permanentemente con bronquiolitis y mi nene tiene unos sarpullidos en el rostro que son un espanto, cuando vamos al centro médico o a la salita nos dan una lista enorme de medicamentos, pero no los podemos comprar”, concluyó Mirta, mientras observaba indignada el panorama desolador que la rodea y del cual no puede escapar.
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