La histórica sequía que padecen el norte de Santa Fe y otras regiones del país demanda una respuesta inmediata del Estado, que tiene la obligación de asistir a las zonas afectadas con subsidios y otras medidas concretas pero también debe garantizar que la ayuda llegue a los lugares a los que tiene que llegar, y cuanto antes.
La Nación ya anunció esta semana que enviará ayuda financiera a las provincias donde no llueve desde hace meses, asistencia que en el caso de Santa Fe llegará a los 6 millones de pesos. Se trata de un gesto que sumado a otros, como ciertas exenciones fiscales, permitirá paliar en parte los enormes daños producidos por la falta de agua, tanto a la ganadería como a la agricultura. Pero para que así sea los fondos deberían llegar sin las dilaciones que suelen plantear la burocracia y la política, y ser distribuidos rápidamente y de la manera más adecuada entre quienes dependen de ellos no ya para crecer y proyectarse sino incluso para sobrevivir.
Es lo que requieren hoy las zonas afectadas por el impiadoso castigo de la naturaleza, principalmente el norte de Santa Fe y buena parte de Chaco, donde la presencia benefactora de los Estados nacional y provinciales no puede demorar ni un día más. Si así ocurriera, sería como abandonar a su suerte a miles de argentinos que ya padecieron demasiado tiempo la falta de lluvia y sus tremendos efectos, y que probablemente ya no tienen margen para seguir esperando.
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