Si eran 150 militantes, Cristina dio 150 besos. Ninguno se quedó sin el instante de confraternidad con la Presidenta. Cristina aprovechó una visita a Villa Paranacito, en Entre Ríos, para volver a exhibirse en público con un perfil afable, tanto en el trato como en las palabras. Primero, desde el atril, bajó un discurso claro pero mesurado y, tras los aplausos, se liberó de los custodios para interactuar con la gente durante más de media hora.
Sólo un desliz dejó ver la faz confrontativa de la Presidenta. Fue cuando, elípticamente, le dedicó una frase a la oposición: "No son las palabras ni los insultos ni los obstáculos los que cambian la historia. Son los hechos y las obras. Lo demás es un ejercicio dialéctico, mediático, que entretiene durante unos instantes pero que es sólo eso, ejercicio discursivo y ningún resultado."
Durante la inauguración de la tercera línea de alta tensión asociada a Yacyretá, Cristina pareció aludir a Eduardo Duhalde, uno de los principales enemigos del Gobierno, que coquetea con abandonar su vieja promesa de no inmiscuirse en la arena electoral. En las últimas semanas, el ex presidente criticó duramente al matrimonio Kirchner y el miércoles se mostró abiertamente en un encuentro con diputados macristas en el que dejó entrever que sin Julio Cobos, Mauricio Macri o Hermes Binner, el PJ anti-K no podrá ganar las presidenciales de 2011.
"Yo me quedo --añadió la Presidenta-- con esta forma de construir y entender la política y sobre todo con la convicción de que a la historia la construimos todos con hechos y obras."
Acaso la crítica directa sobre Duhalde que Fernández de Kirchner prefirió callar la interpretó el ministro del Interior, Florencio Randazzo, quien junto con el de Planificación, Julio De Vido, viajó a tierra entrerriana con la Presidenta. "Es un militante de la Argentina del fracaso y de lo que los argentinos no queremos más. Alienta permanentemente y pronostica el fracaso con especulaciones exclusivamente mezquinas", dijo.
Los asesores de la Casa Rosada, que habían sugerido suspender el viaje de la comitiva oficial a Gualeguaychú para evitar protestas de ambientalistas y productores agrarios, eligieron ayer una zona de Entre Ríos alejada de ruido urbano para la tercera visita de la Presidenta a esta provincia. El acto se realizó en una carpa montada debajo del puente Zárate-Brazo Largo, en el kilómetro 112 de la ruta 12, a la que se accedía luego de recorrer 600 metros en calle de tierra y de pasar dos controles de policías y gendarmes.
"Los entrerrianos que la apoyamos, que somos mayoría en la provincia, estamos muy contentos de que nos visite", fue la bienvenida del gobernador Sergio Urribarri. Ni una palabra dijo cuando, al pasar, un periodista le preguntó qué pensaba del tractorazo que había insinuado organizar Alfredo De Angeli si, pese al anuncio, Cristina decidía concurrir a Gualeguaychú.
Cristina optó por no hacer ninguna referencia al conflicto con el campo y prefirió resaltar el crecimiento en el rubro de la construcción. "En julio creció 18,5% respecto del mes anterior y un 9,5% respecto al mismo mes del año pasado", detalló.
|
|
|