Son comunes en toda la zona. Algunos tienen una forma semiesférica, como un iglú. Otros, más rústicos, son cubos rectangulares cubiertos de bolsas de plástico negras. De todas suele dibujarse una columna de humo negra casi permanentemente. Son hornos donde se "cocina" el adobe. De eso viven muchos de los pobladores más pobres del sudoeste chaqueño. "Vivir" es una manera de decir, porque la falta de agua también les impuso parar de trabajar. Con esta sequía, su trabajo se redujo en muchos casos a la mitad.
El ladrillo que hacen los pobladores de esta zona es un instrumento fiel para la construcción: se forma con barro y los desechos de la cosecha del algodón. Más agua. Después se mete en los hornos y se vende.
"Pero ahora se trabaja muy poquito. Es la peor época que recuerdo", reconoce Anselmo Espinosa, de 40 años. El hombre vive en uno de los extremos de Coronel Du Graty, en una casilla de tres metros por cuatro y piso de tierra, con el resto de su familia: nueve personas. "Hace más de 20 días que no hago nada", dice Anselmo. El hombre necesita 1.500 litros de agua para producir 1.000 ladrillos. Si tuviera agua haría entre 6.000 y 7.000 piezas por mes lo que le permite mantener a su familia con alrededor de 2.500 pesos, los meses exitosos. Pero esa plata no la tiene y encima tendría que comprar agua para beber y vivir. "Tres mil litros me duran 15 días y los pago 100 pesos, pero no los tengo", confiesa. Entonces sus días pasan con el agua que consigue de los pozos. "Es un agua rica", se defiende, aunque admite que está contaminada con arsénico, un tóxico dañino. "Nos bañamos poco", comenta uno de sus hijos como al pasar.
Todos los "ladrilleros" sufren igual que Espinosa. "Y si logramos hacer ladrillos cuesta venderlos porque todo el pueblo tiene poco trabajo por la sequía", cuenta Martina Dolores López (50) que vive a unos 200 metros de Espinosa. Ella, ahora, usa el agua que reparte la Comuna de Du Graty. Su aljibe está vacío. "Si no podemos tener agua no se puede trabajar el ladrillo", dice, y se cubre la cara de la tierra que vuela. "Y si no hay agua, no hay vida", completa la frase mirando de costado, pero a los ojos.
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