Aunque funcionarios pasados y presentes culpen al cambio climático y al destino por la falta de agua, sólo la incapacidad y desidia de una clase política muy singular pudo lograr el prodigio de que el agua deba ser racionada en una provincia que se recuesta sobre tres ríos potentes como el Paraná, el Paraguay el Bermejo. Hugo Rohrmann, académico e ingeniero experto en recursos hídricos, señala que "la única fuente segura de agua sería un acueducto que tomase agua de alguno de los tres ríos disponibles" para llevarla al 75% del territorio que carece de red. Pues bien, de ese acueducto se habla desde hace una década y media. ¿Qué tanto se avanzó en ese período? Nada. Ni siquiera hay un proyecto concreto. El gobernador Jorge Capitanich anunció inversiones por 530 millones de pesos durante su mandato para medidas paliativas, pero Rohrmann acota que luego de seis años consecutivos de sequías "buscar soluciones mediante la construcción de nuevos reservorios o la realización de perforaciones es pan para hoy y hambre para mañana". La gestión kirchernista, en cambio, dice que el acueducto será una prioridad... en 2010. El Chaco no es sólo la provincia más acechada por la sed, sino también una de las más desiguales. En el interior hay familias tomando agua contaminada por no tener 300 o 600 pesos para conseguir líquido potable diario, mientras en Resistencia hay piscinas con agua de red que se paga con 21 pesos mensuales
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