La sequía, de la que este espacio ya se ocupó el domingo pasado, está haciendo estragos en Santa Fe. Golpea con implacable crudeza en la economía y la vida cotidiana de miles de ciudadanos. Expone sin atenuantes, además, las condiciones de pobreza y atraso que se repiten como una postal en decenas de poblados. Los departamentos más castigados son Vera, 9 de Julio, General Obligado y San Javier. En algunos lugares la lluvia ha pasado a ser un entrañable recuerdo; de hecho, han caído apenas 100 milímetros en los últimos 18 meses. Cuando caen algunas gotas, la tierra sedienta se las devora en instantes. Se han secado los Bajos Submeridionales y lagunas.
El panorama es desolador para la ganadería, pero también afecta a la agricultura. Ya han muerto más de 150 mil cabezas de ganado y otras 500 mil vacas no podrán tener crías. Miles de santafesinos subsisten con pocos litros de agua por día, cuando tienen suerte de que funcione la red. La naturaleza no da respiro, y saca a la luz años de falta de inversión en obras públicas e infraestructura.
El gobierno de la provincia ha aportado más de 20 millones, y la Nación otros seis, y el Congreso acaba de aprobar una partida de 30 millones más. Pero todo el dinero resulta insuficiente y se evapora ante la magnitud del desastre. Ahora, la única salida es la asistencia económica. Después habrá que elaborar políticas de Estado para transformar una realidad dolorosa e intolerable, que no debe persistir en un país que aspire a un futuro digno para sus habitantes.
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