En el kilómetro 114, en la villa Calingasta, están las ruinas de lo que fue la escuela primaria Yapeyú. Fue inaugurada en 1991 para dictar clases a los hijos de los sulfateros, un total de 75 chicos que acudieron a sus aulas mientras sus padres trabajaban en la actividad que desde hacia 7 años daba vida al departamento y concentraba buena parte de la actividad minera provincial: El sulfato de aluminio.
Cuando el negocio se evaporó, en mayo de 1993, a las empresas y trabajadores mineros no les quedó más remedio que irse y el edificio escolar junto con las instalaciones de las sulfateras de las familias Basualdo, los Gaetano, los Merino y los Badano, entre otros; se convirtieron en fantasmas.
Así se cerró una época de prosperidad y esplendor que duró 20 años -de 1973 a 1993-, el tiempo en el que el sulfato calingastino era comprado por Obras Sanitarias de la Nación para potabilizar el agua que consumían buena parte de los argentinos.
En realidad el uso del mineral viene de antes, de 1938, cuando se empezaron a explotar los primeros yacimientos de los cerros volcánicos de la zona para abastecer a la industria de la curtiembre de cueros. Entonces se extraían apenas entre 15 y 20 toneladas anuales.
Pero en los '70 la producción se incrementó tanto que desde allí se llegó a abastecer la demanda nacional, por medio de 21 empresas que operaban en la zona. Para el 2003 la producción de sulfato de aluminio ascendía a 75 mil toneladas al año y representaba el 20% del producto minero de San Juan.
"Se hacían muy buenos negocios, había unas 500 familias que dependían del sulfato. Yo mismo llegué a tener unos 20 empleados", recordó Ricardo Basualdo, uno de los sulfateros de aquel entonces.
Esfuerzo
Si bien el negocio era bueno, no era menos el esfuerzo que hacían aquellos mineros para sacar adelante la explotación. Los cerros con mineral estaban en zonas sin servicios y para extraerlo, por medio del método de lixiviación o flotación -aunque sin uso de químicos como el cianuro para sacar el oro- debieron hacer grandes inversiones. Las empresas tenían que instalar interminables mangueras de 30 a 40 metros pasando por la cresta de los cerros y con la pendiente adecuada para que no se reventaran, para llevar el agua desde la ciudad a las piletas de hormigón que funcionaban como plantas de lixiviación.
Pero la actividad tenía sus días contados. Llegó la presidencia de Menem y su ministro Domingo Cavallo con la ola privatizadora, y Obras Sanitarias corrió la misma suerte que otras empresas estatales: En 1993 el grupo francés que tomó el timón cambió las reglas de juego, rescindió los contratos con los mineros sanjuaninos y empezó a importar un sulfato químico desde Brasil para usar en sus piletas.
El argumento fue que el sulfato calingastino en su forma natural tenía otros metales pesados (como por ejemplo, hierro) y que por eso no era tan puro como el que se obtiene químicamente del laboratorio. A más bajo precio, la nueva Aguas de Argentinas comenzó a importar sulfato de Brasil, lo que sepultó el sueño minero de calingasta.
Desaparición
En ese departamento quedó el tendal: "Nos llegó un telegrama que en 15 días no nos compraban más. Quedamos en la lona, tuvimos que cerrar y chau", recordó Ricardo Basualdo, uno de los productores de la época.
Hoy el gobierno esta armando un plan para volver a reactivar esa producción ahora que la empresa esta reestatizada, pero en el sector privado aun reina la desconfianza.
"Será un desafío para nuevas generaciones. Yo ahora me dedico al sector agrícola e inmobiliario y a mi edad, ya no invierto en el sulfato", dijo Basualdo, quien agregó que de los empresarios de esa época, o están en otra actividad o se murieron. "Sólo quedó la planta de la familia Inocenti, los últimos que habían hecho una inversión importante y en la actualidad siguen trabajando", agregó.
Con la desaparición de los empresarios también quedaron abandonadas las minas de sulfatos. Técnicamente se trata de reservas de segunda categoría (contra las de primera como son las metalíferas de oro, cobre o plata) y cualquier persona que las encuentre puede ir, denunciarlas y anotarlas como propias en la Secretaría de Minería. Si no están a nombre de alguien, o esa persona dejó de pagar el canon a Minería, puede anotarse como propietario y empezar a explotarlas.
Destacado
En el 2003 llegaron a producirse 75 mil toneladas al año de sulfato. Fue el 20% del producto minero.
La cifra
425 Son las minas mensuradas que hay en Calingasta, según el padrón minero provincial. Están ubicadas en una extensa zona que abarca desde la cordillera frontal, en Colangüil y en la precordillera, al Norte de la Villa Calingasta.
Para potabilizar
El sulfato de aluminio se usa en el agua como coagulante para que las partículas en suspensión se agrupen en otras de mayor tamaño y peso llamadas flocs (barros de arcillas y bacterias) para luego decantarlas. Después se filtra y se agrega cloro y cal.
Saneamiento
La Secretaría de Minería, a través de un crédito del BID, se encargará de realizar el retiro de las escombreras o residuos que dejaron las viejas minas de sulfato. Están en las márgenes del Río Los Patos, de donde serán removidas.
El gobierno, diseña un plan
"Vamos a desarrollar un plan sustentable, y si vemos que es rentable tanto para la empresa potabilizadora AySA y para los productores, vamos a impulsarlo, pero con seriedad", dijo ayer el gobernador Gioja.
"Tienen razón los productores en ser desconfiados, fueron muchos años de promesas. Pero ahora la provincia se va a involucrar en el tema y si el plan es sustentable y las condiciones están dadas, lo vamos a poner en marcha. No quiero que se lleven 22 camiones de sulfato a Buenos Aires y luego parar", agregó el gobernador. Es que esta semana Gioja se reunió con directivos de AySA -estuvo Carlos Ben, presidente de la empresa que potabiliza el agua en Buenos Aires- para avanzar en el objetivo de que ellos vuelvan a usar el sulfato calingastino en el proceso.
La suba de costos de los sulfatos importados de Brasil han abierto esa posibilidad. Y en el gobierno piensan firmar un convenio con la Universidad Nacional para buscar algún proceso químico que le quite elementos pesados al sulfato y lo dote de mayor calidad, según anticipó el titular de Minería, Felipe Saavedra.
En tanto, esta semana esperan la llegada a San Juan de representantes de AySA para reunirse con el gobernador y avanzar en la confección de un plan sustentable. "Yo tengo confianza que se puede recuperar esa actividad", dijo el gobernador.
En el sector privado miran con cautela la noticia y prefieren esperar: "Hay que hacer inversiones y para eso necesitamos soluciones para bajar el costo de fletes desde Calingasta a Buenos Aires y contratos a largo plazo", dijo ayer un productor.
"Eso es lo queremos hacer", dijo Gioja. "Queremos un plan sustentable en el tiempo. Y lo del flete se puede solucionar llevando el sulfato en estado sólido que ocupa menos lugar, en vez de líquido como se lo transportaba antes", comentó. El gobernador agregó que designará a un encargado en la provincia para que siga el tema. |
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